Después del comienzo auspicioso en la Copa Sudamericana, con una producción destacada en el arranque del torneo continental, Independiente no convenció en su presentación en el Apertura. Así de cambiante se muestra el conjunto de Avellaneda y por ahora no supera el renglón de las insinuaciones. Vélez, su rival en Liniers, apenas se ubicó un escalón por encima. Una pena. Los dos equipos lograron aburrir a propios y a extraños. Carecieron de imaginación, de explosión, se olvidaron de los conceptos más simples del fútbol y finalizaron sin abrir el marcador. El resultado fue la mejor imagen de un cotejo del que se esperaba mucho más.
Provisto de jugadores con experiencia y con interesantes refuerzos, Vélez rápidamente le advirtió a Independiente que su visita no resultaría un trámite fácilmente salvable. Con un libreto firme, los dirigidos por Hugo Tocalli se abrazaron a un estilo aguerrido y batallador, apoyado en un sostenido despliegue físico para intentar presionar en todos los sectores de la cancha. Aunque también expusieron algunos desajustes para manejar los avances rápidos y certeros en busca de sus hombres de ataque. De todos modos, consiguieron superar mínimamente a este Independiente con evidentes altibajos. Porque si una parte de los interrogantes que generó el equipo de Avellaneda durante el receso los había espantado frente a Estudiantes, el martes último, por la Sudamericana, ayer regresaron.
A Independiente le costó mantener el protagonismo del encuentro. Los locales, con Nicolás Cabrera como conductor por la derecha, más las corridas de Zapata y Hernán López, sembraron la preocupación en la última línea visitante, en la que Leandro Gioda tuvo que solucionar todos los contratiempos. La insistencia de Vélez, sumada el aprovechamiento de los espacios y los oportunos cambios de frente del equipo de Tocalli, se volvieron los pilares de su propuesta.
Independiente decepcionó. Y si se pone énfasis en esta cuestión es porque el conjunto de Borghi no mostró el juego que suponen los nombres de su rico plantel. Tanto que los visitantes sólo generaron peligro en el primer tiempo con un centro de Ismael Sosa que impactó la parte de arriba del travesaño.
Pero Vélez no parecía advertir las distracciones ajenas. Como si fuera poco, Hernán López dilapidó una nítida situación cuando quedó solo frente a Asmann y demoró tanto la definición que permitió la recuperación de defensa visitante.
En casi todo el encuentro, Independiente manejó mal la pelota y amontonó gente en el medio sin mucho criterio. Sólo la intención de Daniel Montenegro y la firmeza en el quite de Herrón emergían como aspectos destacados. Tras la partida de Denis, el equipo se quedó sin un goleador nato cerca del área, y eso se notó en gran parte del éxamen que le propuso Vélez.
La movilidad del equipo de Liniers confundió a Independiente. Esa dedicación casi asfixiante de los locales por presionar en el medio estuvo cobijada también por un juego ordenado, tanto por arriba como por abajo, aunque sin peligro. Por eso los Rojos casi nunca estuvieron cómodos, sin poder establecer un dominio ante un adversario que se esmeró por describirse como bien incómodo.
En el aburrimiento general del segundo capítulo, sólo sorprendieron un tiro alto de Montenegro y una entrada sorpresiva de Uglessich. Tanto Vélez como Independiente tendrán que exponer un serio y rápido replanteo para ubicarse entre los potenciales candidatos. Los pocos aplausos de los muchos simpatizantes que se acercaron al Fortín de Liniers fueron el reflejo de la impotencia. Las descoloridas actuaciones de sus equipos los había dejado vacíos.
8 son los partidos oficiales invictos que tiene Borghi desde que asumió en Independiente, con dos triunfos y seis empates.
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